Cambié mi corona por armadura
para luchar cuando el alma dolía.
Y seguí sonriendo cuando podía,
simulando estar llena de bravura.
Así estoy realizando esta aventura,
el camino, que Machado decía.
Con grilletes de mi melancolía,
cautiva del tiempo y su coyuntura.
Soy mujer, soy fuego, soy espuma.
Ardo en deseo y rompo en la orilla
de un vientre que en silencio grita
a un loco corazón que aún palpita
cuando la sangre de amor se perfuma
como si otra vez fuese una chiquilla.
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